viernes, 29 de febrero de 2008

El día que solo existe cada cuatro años


Al fin se acaba febrero. Cómo decirlo, no ha sido un mes para recordar. Por varios motivos, uno especialmente, pero mejor olvidarlo.
Desgraciadamente estamos en un año bisiesto, así que nos queda aún un día más, y para rematar, tengo el primer examen del semestre (o más bien el último del anterior que no quisieron hacer en su momento).

Ya tengo mi horario, lunes-martes-miércoles otra vez, pero mal colocado. Lunes: 5 horas (la primera a las 9 menos cuarto), la última acaba a las 5. Así que el lunes doy a todos los cursos. El martes solo una clase, y el miércoles dos por la tarde. Por lo que ahora tengo que pensar qué hago con croata, que también tiene unos horarios.... Hay dos grupos: al que he ido esta semana (de 8 a 10,30 de la mañana) y el que puede que pruebe la semana que viene (de 18,30 a 21). No sé qué es peor. Lo malo de las 8 es que supone madrugar mucho (como no se sabe nunca lo que tardarán los tranvías, para llegar a tiempo salgo a las 7,20 de casa). No me gusta madrugar, y luego estoy todo el día cansada. No sé.... Además, cuando lo pienso, si no renuevo, y me voy este año, no sé si merece la pena dedicarle tantas horas.... Creo que iré de momento, y luego ya veré.

Hoy al final me que quedado durmiendo, cuando sonó el despertador pensé en llegar un poco tarde, pero ni eso. Iré a la salida de la clase para decirle a la profesora a ver si puedo ir por la tarde, para probar.

La foto es el calendario que tengo en casa: Dalí.

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